Sobrepeso y enfermedades mentales

El progreso nos acerca más a la demencia
4 DE SEPTIEMBRE DE 2011
BY EDUARDO SÁNCHEZ GÓMEZ : E-CIENCIA.COM
Cuanto más se avanza en el tiempo, a más riesgos nos enfrentamos. Los beneficios que nos proporciona el mundo en el que nos desarrollamos, nos da a la vez un sin fin de peligros, sobre todo, en manos de personas poco expertas.

Actualmente, estamos viendo una enfermedad que aumenta en número y que cada vez se da con más frecuencia en individuos jóvenes, se trata de la demencia. La mayoría de ellas son irreversibles y el daño causado en el cerebro permanece de por vida. Se ha demostrado que son varias las causas y una de ellas es la obesidad, la cual acelera este proceso. En EE UU, se ha publicado un estudio en el que prevén que la esperanza de vida en la población podría reducirse por primera vez en dos siglos debido al aumento progresivo de esta patología.

“A pesar de que la administración de la Seguridad Social hace poco elevó su proyección de longevidad para los estadounidenses en el siglo XXI, la actual tendencia hacia la obesidad en Estados Unidos indica que posiblemente esos cálculos no serían exactos”, dice el artículo reproducido en las páginas del New England Journal of Medicine. Parece ser que el problema se agrava más en los niños.

“Aún quedan por saber la consecuencias a largo plazo de la epidemia de obesidad infantil”, señaló David Ludwig, un investigador del Hospital de Niños de Boston y coautor de dicho estudio. “Si el reloj empezará a contar a la edad de 12 o 14 años, los efectos para la salud pública podrían ser potencialmente adversos”, agregó Ludwig. En la actualidad, la esperanza de vida en EE.UU. es de 77,5 años, pero con los datos indicados anteriormente, se reduciría en unos cinco años. Estos autores indican que el incremento de la obesidad entre los niños, daría lugar en un futuro cercano a patologías cardiovasculares, diabetes e insuficiencia renal.

La era moderna nos ha llevado al bienestar y a consumir alimentos de formas diferentes, tanto en el hábito como en la calidad. La rapidez con que se quiere vivir altera hasta la forma de alimentarnos. El Mundo, publica un trabajo en el cual se revelan ciertos cambios en el cerebro asociados a la demencia y que se dan con más frecuencia en personas con antecedentes de tabaquismo, hipertensión arterial, diabetes y obesidad. La revista Neurology, informa que estos hábitos afectan a las arterias, provocando un escaso aporte de sangre o ninguno al cerebro, dando lugar a accidentes cerebro-vasculares. Igualmente, produce un deterioro de sus funciones que conducen a la demencia.

Se ha realizado un estudio, a más de 1.000 personas sin demencia y con una edad media de cincuenta años, por el equipo de Charles DeCarli, de la Universidad de California (EEUU), señala El Mundo. Se valoraron los factores de riesgo y a todos se les hicieron resonancia magnética cerebral. Asimismo, se les hizo un test para observar las funciones psíquicas. Tras un periodo de diez años se realizó un estudio comparativo en dichos individuos. Los resultados fueron que los que tenían factores de riesgo vascular, presentaban una pérdida de volumen del cerebro, así como una reducción de la zona del hipocampo, que se da en los pacientes con Alzheimer. También se evidenció, un aumento de las lesiones de la sustancia blanca, indicativas de daño en la esfera cognitiva.

La hipertensión arterial afectaba más a la sustancia blanca, mientras que la diabetes y el tabaquismo, se asoció más a afectación en el hipocampo. Los obesos mostraban una reducción general del volumen cerebral. Estudios de este género nos acercan más a la prevención de enfermedades mentales, como el Alzheimer. “Empezamos a tener datos de que un cambio de hábitos a partir de los 50 años nos beneficia, ya que reduce el riesgo de padecer demencia a los 70 años”, asegura Pablo Martínez-Lage, coordinador del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología.

Todos estos hallazgos se han realizado en diez años, un corto espacio de tiempo. “Todavía escasean los estudios que cuenten con un seguimiento a largo plazo”, recoge SINC de un artículo publicado en la revista Journal of the Neurological Sciences, por Alvaro Alonso, Profesor Asociado de la División de Epidemiología y Sanidad, Universidad de Minnesota. Durante 40 años se ha hecho un seguimiento de 10.211 hombres, con edades comprendidas entre 40 y 59 años. Esta revisión se realizó en 13 grupos de siete países. Se constató la muerte por demencia si en el certificado de defunción se hacia alusión a la misma. El riesgo cardiovascular y la muerte por demencia se calcularon mediante el modelo de Cox de riesgo proporcional. Se observaron 160 muertes. Hubo una relación de un mayor riesgo de muerte por demencia, en los que tenían antecedentes de tabaquismo, aumento de las cifras de colesterol, obesidad, hipertensión y baja capacidad vital forzada.

El prototipo de “tener una gran barriga” en otros tiempos de hombre “saludable”, ha dado vuelco tras los análisis y publicaciones que están apareciendo. “Considerando que el 50% de los adultos en este país (EEUU), tienen obesidad abdominal, es un hallazgo inquietante”, dijo la autora del estudio Rachel Whitmer, de la División Permanente de Investigación de Oakland, California. Este es el primer trabajo que argumenta la obesidad como causa de demencia en la edad adulta. En este estudio se midió la grasa abdominal de 6.583 personas con edades comprendidas entre los 40 y 45 años en California. A los 36 años se constató que el 16% de los estudiados desarrolló demencia. Los que tenían sobrepeso, pero no con barriga pronunciada tenían el 80% menos de probabilidades de desarrollarla.

En la última década parece que se ha estabilizado el exceso de peso en las niñas y niños españoles (de entre 6 y 9 años), que todavía afecta al 45,2% de la población infantil, publica SINC basándose en el estudio ALADINO, publicado por la Agencia de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AENSA) y que ha presentado la Ministra de Sanidad, Política e Igualdad, Leire Pajín.

El 45,2% del exceso de peso se reparte de la forma siguiente: el 21,6% corresponde a sobrepeso y el 19, 1% a obesidad. Los niños tienen más sobrepeso y obesidad respecto a las niñas. Asimismo, se observado que afecta más a los más débiles en el plano educativo y económico, o sea los más desfavorecidos. Se valoró el impacto del ocio audiovisual (ordenadores, DVD, consola en la habitación de los menores), con le exceso de peso. También se valoró su relación con el lugar en donde comen, concluyendo que los que lo hacen en los comedores escolares, tienen un peso saludable respecto a los que comen fuera de ellos.

Los resultados del estudio ALADINO, indican que aunque el exceso de peso infantil se ha estabilizado, hay que trabajar con las clases sociales con menores niveles de renta y de estudios para reducir las desigualdades en salud. En este sentido, el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad cree que la nueva Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición, recientemente aprobada, sea importante en mejorar los hábitos alimentarios saludables. A tal efecto, la Ley establece que la Estrategia NAOS (Estrategia de la Nutrición, actividad física y prevención de la obesidad), que será revisada con una periodicidad quinquenal.

Asimismo, dada la velocidad con que se vive y los cambios en las formas de trabajar, sobre todo horaria, se está llagando a un deterioro importante en los hábitos alimenticios. La llamada “comida basura” contiene un alto porcentaje de grasa, condimentos, sal y azúcares, que estimulan el apetito, lo que redunda en un beneficio de las grandes comidas industriales dedicadas a la hostelería. Científicos del Instituto de Investigación The Scripps, en California (EEUU), están llevando a cabo una investigación sobre personas obesas que comen compulsivamente, sobre todo “comida basura”, publica en su edición online ELMUNDO.es, en la sección de Salud.

El estudio se está realizando en ratones, en donde se ha demostrado que el desarrollo de la obesidad en estos, coincide con un progresivo deterioro de los circuitos cerebrales de la recompensa. Lo que ha visto el equipo de The Scripps, publica la revista Nature Neoroscience. “La adaptación del sistema de recompensa cerebral visto en las ratas es igual al que se observa en individuos que desarrollan dependencia a la heroína o a la cocaína, lo que explica que el cerebro y las neuronas juegan un papel fundamenteal en los comedores compulsivos” declara a ELMUNDO.es Paul John Kenny, del departamento de Terapias Moleculares del Instituto y coordinador del estudio. “Nuestro trabajo presenta una evidencia de que la obesidad y la drogadicción están relacionados”, destaca Kenny. Como implicación clínica destaca “la posibilidad de que la obesidad y drogadicción tengan el mismo tratamiento”.

La obesidad ha abierto múltiples vías de trabajo para combatirla, como el llevado a cabo por John Kenny. Asimismo, se están utilizando diversos tipos de tratamientos, tanto farmacológicos como quirúrgicos, todo ello para combatir la enfermedad propia, como para evitar los efectos secundarios en la edad adulta, no sólo el riesgo cardiometabólico, sino también la demencia.

Se ha desarrollado un estudio que aparece en «Archives of Neurology», protagonizado por investigadores suecos del Instituto Karolinska, publica ABC, en la sección de Opinión. Avala y amplía las conclusiones del trabajo realizado por científicos estadounidenses de los Institutos Nacionales de la Salud y publicado antes del verano por el British Medical Journal. Miia Kivipeito y diez investigadores más del Centro de Investigación del Envejecimiento del Instituto Karolinska y de otros centros y hospitales de Suecia y Finlandia habían presentado los resultados de su estudio en Estocolmo, en el marco del último Congreso Europeo de Cardiología. Al publicarse en dicha revista científica, ha tenido una mayor valoración. Estos investigadores han hecho un seguimiento durante veintiún años de 1.449 personas, para concluir que la obesidad y el sobrepeso, en las últimas etapas de la vida, son un riesgo importante de aparición de demencia.

Es fundamental que se haga una protección contra el exceso de grasa. Las recomendaciones de los clínicos, como por ejemplo, la medida de la cintura para valorar la cantidad de grasa intraabdominal, es apto para saber si una persona está en riesgo cardiometabólico. Igualmente, es importante evitar los excesos en gastos del Sistema Nacional de Salud. En España los costes directos e indirectos relacionados con la obesidad suponen un 7% del gasto sanitario total. Esto supone unos 2.500 millones de euros anuales.

Termina ABC, comentando un estudio realizado por la Universidad estadounidense de Duke y publicado en la revista Cell Metabolism, en el que dichos científicos señalan que el músculo tiene una memoria metabólica de la obesidad, que podría ser el motivo de que una pérdida de peso continuada es difícil, aunque se reduzcan el número de calorías ingeridas.

Artículo publicado para el Máster de la UNED Periodismo Científico y Comunicación Científica.